Continuando con la dicotomía de ir resaltando las circunstancias y hechos más relevantes de la historia de nuestro pueblo, queremos hacernos eco hoy del segundo hecho histórico, en la escala de importancia, acaecido en la década de los 40 (el primero sería el tema de la “Riada” tocado ya en un número anterior). Pues bien, ese hecho no es otro que el acontecido a causa de los desprendimientos de piedras afectando a las casas del pueblo de Benaoján.
Para comenzar, habría que resaltar la ubicación de nuestro casco urbano. Benaoján se encuentra situada en la ladera o falda de la Sierra de Juan Diego, sierra mayoritariamente compuesta de roca caliza, circunstancia que hace que por las lluvias ésta presente una geología peculiar, resultando de ello numerosos bloques de piedra sueltos que tras las primeras lluvias y el posterior secado de la tierra sustentante hace que se deslicen ladera abajo (además de ser la responsable del modelado kárstico que genera las magníficas grutas, galerías y cuevas con las que cuenta nuestra localidad).
Para entrar en materia, debemos decir que justo en este mes se cumplen años del suceso, ya que el hecho a destacar ocurrió un 22 de abril, vísperas de la festividad de nuestro patrón San Marcos. Pues bien, según cuentan los que todavía lo recuerdan, serían las horas del mediodía cuando un tremendo estruendo se dejó sentir en la totalidad del pueblo y, a continuación, una inmensa nube de polvo cubrió parte del pueblo. Fueron momentos de confusión y alarma, no se sabía qué había ocurrido. Tras el transcurso de un tiempo, una vez disipada la gran nube, se observó que un gran bloque de piedra había caído sobre el pueblo y a su paso había afectado a varias casa quedándose parado en una casa de la calle Fuente, la casa de “Josefita la Estanquera”, actual tienda de todo a cien.
Como hemos comentado, era la hora del almuerzo; pues bien, en la nombrada casa estaba almorzando el patriarca de la familia, Juan Gil, mientras correteaban por allí varios de sus hijos y una vecina. El hombre, advertido por el tremendo estruendo que la roca iba dejando mientras rodaba, se levantó de la mesa y cubrió los niños bajo el dintel de la puerta. La pericia del hombre los salvó de la muerte, pues la roca cayó justo donde se situaba la mesa, afectando además a una habitación contigua donde dormía uno de la familia en la cama que milagrosamente salió ileso quedándose colgado entre la cama y la roca.
El tremendo bloque de piedra destrozó la cubierta y el entresuelo de la vivienda que, tras las visitas de las autoridades, incluido el Obispo de Málaga, fue reparada previa retirada del tremendo bloque, que resultó costosa. Aún hoy en día se pueden observar las secuelas dejadas en la casa; sólo hay que visitar la tienda de “todo a cien” de Pepa Gil. Según se entra, mirando al techo, se detecta que la parte derecha está realizada con vigas rectangulares perfectamente regulares y de madera clara, mientras que la parte de la izquierda está realizada con simples troncos decalotados a modo de vigas y de un color mucho más oscuro.
Hay que decir que el hecho tuvo su importancia, ya que la fotografía del bloque de piedra se llegó a imprimir como postal. Además, suponemos que la familia recibiría alguna compensación económica por parte de las autoridades para una rápida reparación.
Para terminar, diremos que este hecho de desprendimiento de rocas ha acompañado a nuestro pueblo durante tiempo. La gente recuerda un hecho parecido acontecido en la fábrica de embutidos de la calle Conejera, posteriormente una roca de pequeño tamaño destrozó un cebadero (noticia de la que se hizo eco el diario Sur), además de varios desprendimientos sin consecuencias, como uno ocurrido coincidiendo con unas elecciones y otro un domingo tras la noche de carnaval.
Debemos hacer mención que este problema que acusa a nuestro pueblo ha sido preocupación constante de los diversos alcaldes de la localidad, realizándose grandes obras con la finalidad de contener los posibles desprendimientos; así existe toda una infraestructura de vallado y diversas superficies de forma cóncava, más una repoblación arbórea.
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Artículo de Pablo Benítez Gómez publicado en el número 21 de la revista La Serranía en mayo-junio de 2003.